viernes, 31 de agosto de 2012

frías tormentas de verano para un otoño caliente

Esta noche el este peninsular español (por el jueves 30 de agosto) está sufriendo las consecuencias de tormentas de verano. Estas se producen cuando el sol ha calentado previamente una superficie de agua, por ejemplo el mar, para que parte de esta se evapore. Cuando asciende este vapor de aire caliente y entra en contacto con una masa de aire frío se condensa produciendo la lluvia. Es curioso cómo se transforma el paisaje cuando esto se produce. Ocurre con rapidez. El cielo se va vistiendo de gris, de negro, con grandes nubarrones. Son los truenos y los rayos los mensajeros de una gran tormenta. Y llega la lluvia, que falta le hace a esta tierra sedienta. 




Sedienta de este agua tan necesaria para la agricultura, para la industria, para los hogares de las personas del lugar. Además, con la lluvia llega el aviso de un cambio de estación. Es la antesala que el verano se termina. 

Y si es necesario que llueva para que refresque el calor existente, el agobio de un verano caluroso que se acaba, también lo es para ir dándonos cuenta que todo vuelve a la normalidad. Como Andrés le dice a Maruja, su mujer: "muy pronto empiezan los colegios de nuestros hijos, la subida del IVA, la prima de riesgo volverá a ser protagonista en los telediarios, veremos cómo la especulación de los de siempre enriquece a unos pocos, las medidas de ajustes, la reducción de los sueldos de los funcionarios como nosotros, la clase política vuelve de sus vacaciones a calentarnos la cabeza, el rescate blando y el rescate duro, la estabilidad del euro, el ascenso del paro, el déficit, los problemas de liquidez de algunas Comunidades Autónomas, las prisas de los días cotidianos, ...".  Esta es parte de la conversación que Juan, un niño de 9 años escucha muy atento que Andrés, su padre, comenta a su mujer, sentados en un tranvía que recorre veloz las vías como veloces son las gotas de lluvia que se deslizan por el cristal de la ventanilla. Cuando Andrés calla, después de varios minutos en silencio, Juan le dice "Papá, con todo lo que le estás diciendo a Mamá, por qué no nos hemos quedado en casa de los abuelos en la playa sin preocuparnos de nada?". 


La inocencia de los niños, la vida sin prisas, siempre dispuestos a jugar en cualquier lugar y a imaginar nuevas aventuras, les queda lejos, muy lejos, los problemas cotidianos. 

Termina agosto y volvemos a la normalidad para enfrentarnos a lo que ya dicen que será un otoño caliente donde los españoles veremos los pasos que da y las decisiones que toma el Gobierno de España para poner las bases de un futuro más próspero y prometedor. El futuro de Juan y de muchos otros niños y niñas como él que ahora sólo piensan en disfrutar de lo que tienen. Esa ilusión será el presente del mañana. 

martes, 14 de agosto de 2012

Extranjeros por España: el escritor inglés Joseph Townsend visitó Alicante


Muchos aventureros, inquietos, interesados, intelectuales, espías, políticos, militares, escritores,  diplomáticos, han visitado España a lo largo de los años para conocer nuestras costumbres. Muchos lo seguirán haciendo.  Porque España siempre ha despertado interés fuera de nuestras fronteras. Ambicionaron las amplias posesiones españolas allende los mares donde ondeaba la bandera de España, tanto que se decía que en el Imperio Español nunca se ponía el sol. Envidiaron nuestras obras de arte y se interesaron por nuestra cultura.  Algunos de ellos dejaron constancia de sus sensaciones en ensayos y novelas, en las que contaron momentos de la historia de España, de la vida cotidiana, de diferentes acontecimientos sociales, dándonos una interesante opinión vista por un extranjero.

Para los viajeros ingleses España tuvo ( y sigue teniendo) una atracción especial, sobre todo por visitar otros países diferentes de The Grand Tour ya que a partir del s. XVII en el Reino Unido las clases altas enviaban a sus hijos, para completar su educación y formación después de la Universidad, a un largo viaje por Europa, sobre todo por Francia, Italia y Alemania. 

Richard Ford, autor de "Hank-Book for Spain" recomienda en sus escritos que "nunca se aconsejará bastante al que se dispone a recorrer España que prescinda de ideas preconcebidas y conclusiones apriorísticas, pues son el más pesado de los equipajes. Ocasión tendrá de formular sus opiniones una vez conocido el país. Pero ¿convencerá nunca al español  de que abandone sus preferencias naturales ó nacionales?. Se limitará este a fumar un cigarrillo y pensar que a los críticos les mueve la envidia, ó son gente de pocos alcances, ó ambas cosas a la vez. Y, después de todo, el propio español tiene que ser mejor juez de lo que conviene a su persona y condición que un simple extranjero, ignorante de los factores religiosos, políticos y sociales de que sus maneras son espejo".

Uno de esos aventureros es el escritor inglés Joseph Townsend. Visitó España en los últimos años del reinado de Carlos III y dejó escrito sus impresiones en su libro " Journey though Spain in the years 1786 and 1787". Su obra se inicia con unas directrices para el itinerario por España, manifestando que se necesita "un físico robusto, dos buenos criados, cartas de crédito para las ciudades principales y una presentación adecuada para las mejores familias". Nos visitó bien aconsejado para saber cómo y que territorios y poblaciones tenía que visitar primero en función de la climatología; también estuvo bien recomendado a diferentes miembros de la Corte para tener facilidad de movimiento por el territorio español. Manifiesta en su libro mencionado que para recorrer extensamente España lo mejor es ir a Bayona en otoño, dirigiéndose después a Burgos, Valladolid, Segovia y Madrid; posteriormente marchar en invierno hacia el sur por Toledo, Córdoba, Sevilla y Cádiz; desde aquí, por la costa visitar Málaga, Granada, Cartagena, Murcia, Alicante, Valencia y Barcelona. En primavera, regresar por Zaragoza a Madrid y Aranjuez y, en dirección noroeste a Salamanca y León para visitar Galicia y Asturias.


Retrato de Joseph Townsend

Townsend salió de Londres 30 de enero de 1786 y llegó a Barcelona el 12 de abril, pasando antes por París, Lyon y Montpellier. La primera noche que pasó en España fue en la Junquera. Llegó a la ciudad condal coincidiendo con las representaciones de la vida y muerte de Jesucristo de las procesiones de Semana Santa. Le impresionó el exceso de gasto y ornato en los pasos y representaciones religiosas, así como los penitentes que participaban en la procesión " por remordimiento de conciencia, ó por ser responsables de crímenes más atroces, ó por alquiler, ó movidos por la benevolente intención de contribuir al fondo de méritos al servicio de la iglesia, desfilaban descalzos, arrastrando pesadas cadenas, con una larga cruz al hombro". En Barcelona visitó, entre otras cosas, los talleres de manofacturas de diversas actividades como sastres, zapateros, tejedores, cuchilleros, armeros, latoneros, carpinteros, torneros, ... Le causó especial atención los arcabuceros "cuya destreza en el manejo de las herramientas se salía de lo común", así como la fundición de cañones de bronce que consideró "espléndida y digna de ser visitada". Manifiesta que el método utilizado para moler el chocolate era preferible al usado en Inglaterra. Se llevó un buen recuerdo de Barcelona, indicando que " en cualquier país que recorra el viajero encontrará algún artificio mecánico ó sistema de acelerar el trabajo, recién descubierto, ó por lo menos nuevo para él; me inclino a creer que, examinado el temas con detención, ningún país ofrecía tantos ejemplos como España". 


Barcelona a finales del siglo XVIII

El acceso a Madrid desde Alcalá le pareció de "una belleza indescriptible", encontrándose por la izquierda los jardines del Palacio del Buen Retiro, el Jardín Botánico y los amplios Paseos del Prado, "bien  plantados y embellecidos por numerosas fuentes". Le gustaron el Casón del Buen Retiro, el teatro y la estatua ecuestre de Felipe IV de Pedro Tacca. Como en Barcelona se volvió a interesar por la manofactura de lana y en especial visitó la Real Fábrica de Tapices. Conoció a Campomanes en una reunión de la Academia de Historia y, en Junio, conoció en Aranjuez (donde esta la Corte) al ministro Floridablanca al que definió como que " tiene un aire de benevolencia, y si no me engaña su semblante, posee un entendimiento superior a la media común". 


Madrid en el siglo XVIII

Después de Aranjuez y Madrid,  partió hacia Asturias y el norte de la península pasando por León. Volvió a Madrid, pasando por Ávila y El Escorial. El 15 de febrero tomó la ruta de Andalucía. Le entusiasma Sevilla, sus murallas y torres y su catedral y le llamó especialmente la atención el procedimiento empleado para hinchar los fuelles del órgano de esta porque "en vez de manejarlos con sus manos, un hombre marchaba adelante y atrás por un plano inclinado ... que se apoyaba en el centro en su eje, y al extremo de cada plano había un par de fuelles empalmados a su vez al resto del mecanismo, y marchando diez veces a lo largo del plano inclinado los inflaba todos".  Se interesó por la Fábrica de Tabacos fijándose que habían cuarenta molinos para moler el tabaco con "un rodillo de piedra movido por un mulo ó caballo pesado, cuyos tirantes se enganchaban a una guía de ocho pies de largo a un ángulo de cuarenta y cinco grados".


El Escorial en el siglo XVIII

Partió por el río hasta Sanlúcar en un barco y fue a caballo hasta el Puerto de Santa María y Cádiz. En esta no le gustó nada la nueva catedral, interesándole mucho el hospicio que consideró "el mejor organizado de España". El 24 de marzo se embarcó en un bergantín con destino a Málaga y un mes después se dirigió a Cartagena por Guadix, pasando por Lorca. Posteriormente fue a  Murcia, Orihuela y Alicante. De esta manifiesta que "se ha convertido en un delicioso lugar residencial", añadiendo que "pocas ciudades pueden vanagloriarse de mayor pulcritud". Destaca que esto se debe a la labor del Gobernador Francisco Pacheco, con quien entabló buenas relaciones. Se interesó de forma especial por el comercio que Alicante hacía a través de su puerto: mercancías, destinos, navieras, ... También por el estado de la fortaleza del castillo de Santa Bárbara y el espacio abierto por una mina colocada en 1709, durante la Guerra de Sucesión, cuando ocupaba la fortaleza el General Richards y su guarnición. 


Alicante, siglo XVIII (Archivo Municipal de Alicante)

Siguió camino de Villena, Játiva, Montesa, Valencia y Barcelona. Regresó a su país pasando antes por Suiza. Dejó España con pena, manifestando que "es una tierra donde al margen de múltiples amabilidades y atenciones personales, por las que quedo en deuda con mis amigos, sentí admiración innumerables veces por la generosidad ilimitada de sus habitantes. Expresar ahora todo cuanto siento al recuerdo de sus bondades parecería adulación; pero me atrevo, por lo menos, a decir que los rasgos más provenientes del carácter español son la llaneza, la sinceridad, el espíritu desprendido, un gran concepto de la dignidad y un firme sentimiento del honor. Dicho en dos palabras, lo que en ellos me he acostumbrado a admirar lo atribuyo a su propia valía y a sus buenas cualidades intrínsecas; lo que he criticado debe achacarse a las corrupciones fortuitas de su gobierno. Si se considera la semejanza de carácter entre las naciones española e inglesa, con la marcada predilección de la primera sobre la segunda, así como las peculiares necesidades de cada una y su mutua capacidad de satisfacerlas, no puedo por menos de lamentar, muy de veras,  que no exista un mejor entendimiento entre ellas". 

Este artículo ha consultado las siguientes obras: 

Revista Historia y Vida Extra 41. "España y los Extranjeros"
"Los curiosos impertinentes. Viajeros ingleses por España", de Ian Robertson

viernes, 10 de agosto de 2012

caldereta entre amigos

Entre amigos. Una buena manera de reunirnos alrededor de una mesa para dejarnos llevar por los aromas y los sabores que con tanta maestría saca de sus fogones Mª Laura Aragonés, chef profesional del restaurante Pilsen de Elche. 

Bajo vigas de madera, Dani nos aconseja y nos convence sin ningún esfuerzo. Con unas cervezas muy frías, para olvidarnos pronto del intenso calor que hace en la calle, degustamos un refrescante salmorejo a  la quisquilla, buñuelos y croquetas de fabada, para recordar. El plato fuerte, una caldereta de rape, mero y calamar, regado para disfrute de nuestro paladar con un vino blanco de nuestra tierra: Marina Alta. 

Merece la pena detenerme aquí para contarte amig@ lector por qué se llama caldereta y puedo decirte que muchos lo llamamos así por el recipiente donde esta hecho, una cazuela con mucho fondo, de las de antes, a ser posible de hierro fundido; otros lo denominan así por las influencias catalanas con el suquet (soltar jugo) y el recipiente donde lo hacían. Este plato tiene su origen en los pescadores del mediterráneo.



La caldereta de rape, mero y calamar, además de patata, como ingredientes principales, fue protagonista en nuestra conversación por su sabor, porque quisimos disfrutar de ella con detenimiento, sin prisas, compartiendo momentos vividos, experiencias que forman parte ya de nuestra historia cotidiana, donde el trabajo, la situación económica, la familia, nos acompañan entre cuchara y cuchara, como se toman los platos caldosos.

Y entre cuchara y cuchara dejamos correr nuestra imaginación por los mares y las islas de nuestro mar, inmenso, quieto y travieso según los casos, deseando embarcarnos y compartir las olas, la brisa marina, el viento, mientras las velas se hinchan y toman protagonismo. Desde la cubierta del velero veremos lo que atrás se queda para recuperarlo y para vivirlo más intensamente después de recorrer los mares en donde nos mojaremos la piel y los cabellos con sus aguas cristalinas, gotas que nos despiertan, si cabe, de nuestras reflexiones para volver más optimistas, más libres, más emprendedores de nuevas ideas. 


martes, 7 de agosto de 2012

el por qué de la festividad de la Virgen del Carmen

Todos los años disfruto con devoción y entusiasmo la festividad de la Virgen del Carmen del 16 de julio en las diferentes celebraciones a las que asisto. Pero este año, más esperado aún que otros años por ser invitado a diversos actos en tierra y en mar como Comodoro de la Agrupación de Rotarios Mariners del Sureste de España, un infortunio se cruzó en mi travesía marinera. 


A pesar de hacer un jeribeque para no caer, después de perder el equilibrio, caí con dolorosas consecuencias para mi brazo y muñeca izquierda. Es por esto que esta circunstancia y la escayola que adornó ese brazo durante varias semanas, mi participación quedó reducida a dos actos públicos, aunque muy emotivos, como fue primero la misa conmemoración de la Virgen del Carmen en la Iglesia Santa maría de Alicante como Patrona de la Armada Española, de los marinos y de los pescadores y posteriormente, en la Sede de la Sub-delegación de Defensa de Alicante, en la despedida de don Bruno Fernández Garrido como Comandante Naval de la provincia de Alicante y la bienvenida de don Javier Pedro Yohn Zubiría como nuevo Comandante Naval. 



Este año, por tanto, no pude salir a navegar en el Couscanelles por las costas de Campello, como otros años, ni en el Bolero por la bahía de Alicante como tenía previsto este, por lo que no pudiendo contar mis sensaciones de esta, se me ocurre mirar atrás y contaros por qué se conmemora este día la celebración de la Virgen del Carmen y por qué es la Patrona de la Armada Española. 

La vinculación de la Virgen a los hombres y mujeres que recorren los mares es de antiguo solicitando su amparo cuando el mar tranquilo y bello se transforma en tempestad y, a veces, en tragedia. Es del s. IX el himno "Ave Maris stella" encontrado en el denominado Manuscrito de San Gall. Encontramos a la Virgen del Carmen como protectora de los que navegan por el mar en el Santoral de San Simón Stock (s. XIII) manifestando "Flor del Carmelo, viña florida, esplendor del cielo, Virgen fecunda, singular. ¡Oh Madre tierna, intacta de hombre, a todos tus hijos proteja tu nombre, Estrella del Mar!" (1). 

Es la Virgen del Rosario la primera Patrona de la Armada desde la Batalla de Lepanto hasta el 19 de abril de 1901 en que se publica una Real Orden proclamando oficialmente a la Virgen del Carmen como Patrona de la Marina de Guerra de España y de todos los navegantes, refrendada por las firmas de la Reina Regente, doña María Cristina de Habsburgo y don Cristóbal Colón, Ministro de Marina. Y como dice esa Real Orden ya era venerada por todos los navegantes. Incluso mucho antes de esta. Muchos son los ejemplos que se recuerdan: en 1602 fue Patrona de la Armada en la expedición exploradora de California; en 1764 el Cardenal de la Cerda, Patriarca de las Indias, la cita en sus escritos como Patrona de los Navegantes; en 1783 el General Barceló la escogió como Patrona de la Armada en las batallas contra Argel. 


En todos los puertos, sean deportivos, pesqueros, de pasajeros ó mercantes, se celebra esta festividad y se recuerdan a todos aquellos que un día salieron a la mar y no volvieron. Vagan en su eterna travesía. Oraciones y llantos en memoria de su recuerdo y un canto: la Salve Marinera a la Virgen: http://www.youtube.com/watch?v=pvCXtx357FA&feature=related  , http://www.armada.mde.es/ArmadaPortal/page/Portal/ArmadaEspannola/multimedia_himnos/06_Salve


domingo, 5 de agosto de 2012

una regata, la niña y el delfín


Salir a navegar es uno de esos placeres de los que no te cansas nunca. La brisa marina que se cuela por la bocana del puerto antes de izar las velas y que anuncia un gran día de navegación. La insignia española flameando al horizonte indicando la intensidad y la dirección del viento desde que el velero se asoma a la bahía. La tripulación atenta y dispuesta para navegar y hacer de este un día inolvidable.


 Hoy (por el 7 de julio) hay concentración de veleros en la bahía de Alicante. Se disputa el Trofeo Tabarca Ciudad de Alicante 2012. Diversas esloras competirán por su mejor posición en la Clasificación general. Un espectáculo de ambición deportiva, de compañerismo, de camaradería tan necesaria en el mar.

Un buen escenario para ver qué es el trabajo en equipo es participar de una regata donde la competición hace necesaria la compenetración y asignación de tareas por cada miembro de la tripulación.

Sin embargo estas líneas no pretenden ser el relato de esta regata que para esto ya hubo aficionados más entendidos que yo (1), sino la expresión de mis sensaciones a bordo del Peggy. Porque una regata desde lejos es un espectáculo, pero desde la cubierta de uno de los veleros protagonistas es una oportunidad de vivir una gran experiencia marinera y de compañerismo.


Entre amigos, como invitado, formé parte de esta tripulación. Pero más que cabos, escotas ó velas, entre mis manos llevaba la cámara de fotos para inmortalizar detalles de la regata, momentos que quiero compartir y guardar en la memoria. Porque cada año es diferente.

Dentro de la misma competición, compartiendo estrategias, bordos, travesías de través y de empopada, ciñiendo, cambiando velas, la competición deja tiempo para otras cosas donde la palabra, incluso la reflexión, forma parte de los minutos que devora la mañana en cada milla. 


Y entre esas, recibiendo el viento de través, el velero ligeramente escorado, me parece ver cómo el mar burbujea cerca del casco y pienso que es un banco de peces o de delfines. Mirando y queriendo saber qué puede ser recuerdo una bella anécdota de Arturo Pérez Reverte que contó en uno de esos artículos dominicales que tanto llenan durante la tarde de un domingo de invierno. En concreto aquél artículo que tituló “La niña y el delfín” en donde contaba con sus mismas palabras “ … navegando a motor y con las velas aferradas, en un Mediterráneo azul cobalto y limpio de toda nube. Una manada de quince o veinte delfines rodeó el barco. Paré el motor y quedamos al pairo en la mar tranquila, entre tan simpáticos vecinos. Se encontraba a popa una niña de diez años, tostada de agua y sol; una niña intrépida y hecha a todo eso, (…). De pronto oímos una zambullida: la niña se había puesto unas gafas de buceo, tirándose al agua para estar cerca de los delfines. Consideren el sobresalto del padre, a quien faltó tiempo para largar la escala y tirarse detrás. Y ahora imaginen el mar desde dentro, azul inmenso y oscureciéndose en profundidad, con los delfines en torno al casco del velero inmóvil. Y a popa, sumergida cosa de un metro y agarrada con una mano a la escala, la niña desnuda en el agua luminosa, mientras los delfines pasaban rozándola. Entonces, un ejemplar muy jovencito que nadaba junto a su madre se aproximó a la niña, observándola con curiosidad hasta quedar casi inmóvil ante ella; sólo agitaba suavemente la cola y las aletas, con esa sonrisa peculiar e indeleble que todos llevan impresa. El delfín y la niña se miraron así durante un rato, incluso después de que ésta sacase la cabeza del agua para respirar y se sumergiera de nuevo. Al fin la niña alargó despacio una mano, acariciándole el hocico. Y mientras el padre de la niña nadaba, cauto, manteniéndose a distancia pero atento a la escena, la madre del pequeño delfín también estaba detrás, junto a la cola de éste, sin intervenir, vigilando a su cachorro. Excuso decir que la niña tiene hoy veintitrés años y mataría por un delfín. Y su padre también”. Muchas veces Arturo Pérez Reverte ha narrado sus experiencias cerca de este noble animal como testigo de sus travesías y si para Arturo es un espectáculo verlos nadar libres junto al velero, cruzando la roda del barco, y mirándonos con esa mirada simpática, para mi también lo es. Quise compartir estas sensaciones con compañeros de la tripulación pero tuve que hacerlo después porque la vida a bordo ralentizada hasta ese momento se volvió frenética por cambiar rumbo y velas.


Por estribor, la Isla de Tabarca, entrando el viento por la popa, con las velas orejas de burro y el spinaker, dejando llenar su trapo con el viento, no todo lo intenso que nos hubiese gustado. Pero ver la Isla desde esta perspectiva también tiene su atractivo, además de disfrutar de la competición y seguir navegando. Si es un espectáculo desde la cubierta de un velero en medio del mar, también lo es desde tierra desde donde se ven las velas infladas por el viento un velero detrás de otro intentando cazar más viento que su contrincante.



De través, ante la mirada atenta del Cabo y Faro de Santa Pola y algunos bañistas, la regata se acaba. La boya del Butano es el principio del fin. De esta regata porque habrá otras, con otros vientos, competición y camaradería.  

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